Lloré mucho, como hacia años no lo hacía. Ataques de llanto que iban y venían. Mi enfermera Catalina me baño y me aconsejo que fuera a verte aunque sea en silla de ruedas. Mi bebe, que tenía que estar en mi panza relajada, había nacido y ahora sólo podía verla a través de una caja de cristal, su nuevo hogar. Nadie me aseguraba si todo iba a estar bien, nadie lo asegura aún.
Sólo podía tocarte con guantes estériles ya que tenías humedad porque no controlas tu temperatura al no tener grasa en tu cuerpo.
Te veía y lloraba, te pensaba y lloraba. No podía explicarme porque no seguías en mi panza, que había salido mal, en que me había equivocado yo o el universo.. Porque mi hija estaba pinchada y conectada a mil cables, y yo no podía hacer nada para evitarle el sufrimiento a pesar de su fragilidad.
La enfermera Claudia (ella fue quien te recibió cuando naciste en la sala de partos) me mostró la forma de sacarme leche y me explico lo importante que era para vos que puedas tomar especialmente mi leche...
Así empecé por tomar más Agua, mate cocido en vez de café y sacarme leche cada 3hs... Así, a través de una sonda que iba derecho a tu estómago, pude empezar a alimentarte.
Te ama, Mamá.
Así empecé por tomar más Agua, mate cocido en vez de café y sacarme leche cada 3hs... Así, a través de una sonda que iba derecho a tu estómago, pude empezar a alimentarte.
Te ama, Mamá.

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